Saturday, January 05, 2013

El cantaor y antropólogo entrevistado

Antropología de lo flamenco entre el turismo y la alteridad

Manuel Lorente - Cantaor y antropólogo 
Hace apenas dos semanas que tuve el honor de ser entrevistado por la profesora Silvia Paggi, antropóloga de la universidad de Niza (Francia). La entrevista era semi-dirigida y abierta,por lo que el resultado viene a ser una especie de co-texto de autoría compartida, en líneas generales el tema trataba sobre el flamenco y el turismo en la actualidad. Tengo que decir que me gustan este tipo de entrevistas, entre otras cosas porque te hacen pensar de forma inusual y a veces te pueden llevar hacia nuevas ideas.
En su primera pregunta sobre mi identidad social profesional,me afirmé en mi doble condición de cantaor y de antropólogo, dos actividades diferenciadas que pienso pueden resultar complementarias,como creo que voy demostrando en mis recientes trabajos...
Interrogado sobre mi lugar de nacimiento y contexto social de origen,comenté que había nacido en un pequeño pueblo morisco del sur de Granada, y que allí permanecí hasta los nueve años,...España todavía era eminentemente rural y en aquel contexto y momento, se cantaba en todos los trabajos y tabernas del pueblo. Por otro lado, toda mi familia por parte de padre eran aficionados al cante, de lo que pienso resulta mi temprana enculturación en el flamenco. Aunque para luego hacerse cantaor, hay que salir del primer ámbito familiar y local, y viajar para conocer otros ambientes y asimilar otros repertorios y formas de saber estar, además de buscar espacios para la realización profesional.
Con relación al turismo y el flamenco, le hablé de tres grandes épocas: una primera época del turismo viajero, que tiene su máximo exponente con las zambras del Sacromonte granadino, de gran atractivo exótico y basado en una economía de arrabal, y con limitaciones como el reducido espacio de las cuevas para los espectáculos, que en mucha ocasiones conllevan más artistas que espectadores. El segundo modelo se corresponde con el llamado turismo de masas, generado a partir de la prosperidad general de los años sesenta del siglo XX, y dando lugar al flamenco de tablao con criterios empresariales modernos,que busca espacios y lugares adecuados par la explotación del negocio,lo más representativo de esta etapa florecerá en la llamada Costa del Sol. Por último, la etapa más reciente se puede denominar como turismo de sinergias, consistente en la programación de grandes eventos institucionales de flamenco, que se promocionan en el extranjero y tienen como objetivo lograr llenos hoteleros para contribuir al desarrollo urbano, es el caso de ciudades como Sevilla y Jerez de la Frontera,Córdoba, la Unión, etc. De todo lo cual cabe inferir una influencia positiva del turismo extranjero para el reconocimiento y desarrollo del flamenco en general.
En estas circunstancias de reconocimiento , la profesora Silvia Paggi, pensaba que los profesionales del el flamenco disfrutaban en la actualidad de una buena posición económica, para lo que no me quedó más remedio que contestar que nada más lejos de la realidad, y que bajo esta apariencia de bonanza económica por la afluencia turística,y reconocimiento del flamenco como símbolo cultural, la situación entre los profesionales suele ser de precariedad y temporalidad en el mejor de los casos, estando generalmente sometidos a altibajos de todo tipo,por no hablar de la exclusión y marginalidad casi que estructural de los cantaores. Le comento que pese a las posibles apariencias positivas de este cambio de época, el flamenco sigue estando estigmatizado o mal visto en el contexto local,regional y nacional,existiendo una serie de pre-juicios negativos para justificar su exclusión e incluso marginalidad permanente. Entre otros estigmas que se le aplican están los del alcoholismo, drogadicción, analfabetismo, gitanismo, bohemia, demencias, etc. Para colmo de males, la descalificación del otro por la incoación de estigmas es algo bastante frecuente y recurrente entre la población, que de esta forma reproduce el sistema de la exclusión social. El infierno se completa con los límites para la realización personal en el ámbito de lo local y la consiguiente frustración, lo que genera un densa atmósfera de envidias, odios y maldades entre los profesionales del gremio. En estas condiciones el artista flamenco se ve reducido a unas severas condiciones de necesidad y humildad absoluta, lo que lo convierten en una especie de chivo expiatorio del sistema, que dramatiza así los escarmientos necesarios para la reproducción de la desigualdad jerárquica. Es por esto que el interés y reconocimiento del turismo puede resultar tan positivo para el reconocimiento general del flamenco.
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Fuente: El duende con gafas

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